martes, 21 de febrero de 2012

El Artista

El Artista (The Artist, 2011)

Con: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman…

Dirigida por: Michel Hazanavicius







De no ser porque esta pequeña película anglo-francesa ha tenido el reconocimiento que está teniendo (Globos de Oro, Premios SAG, BAFTAS, entre muchos, muchos otros…), no creo que hubiéramos llegado nunca a verla aquí en México; o en cualquier otro país fuera de su natal Francia, para ese caso. Digo, es una película muda, y en blanco y negro. En pleno siglo XXI, cuando cada semana sale algo en 3D con más efectos especiales que actores, y cuando la animación y el live-action cada vez se están convirtiendo en la misma cosa. Pero gracias a todo lo que empezó el pasado mayo en el Festival de Cannes (cuando se estrenó la película, y Dujardin ganó Mejor Actor), hoy podemos encontrar esta joya cinematográfica en todas las salas del país. Y en serio agradezco eso. Porque por más bizarro que suene el concepto de la película, por más extraño que nos suene que hoy en día produzcan, comercialice, y además premien n un filme así, y por más escepticismo que pueda haber por parte del espectador, “El Artista” es una película que tiene lo que la mayoría de las que salen todas las semanas no tienen: un encanto inigualable, entretenimiento puro con un mensaje sutil de trasfondo, actuaciones realmente sobresalientes, y una historia cargada con originalidad y frescura que le da esperanza a un medio en el que abundan los remakes, las adaptaciones, y los reboots.

“El Artista” cuenta la historia de George Valentin (Jean Dujardin, espléndido), un actor Hollywoodense de la época del cine mudo (por ahí de los años veinte) que se encuentra en la cúspide de su carrera: es famoso, guapo, encantador, aunque un poco demasiado orgulloso, y puede elegir el proyecto que quiera porque sabe que va a ser un éxito. Está también Peppy Miller (Bérénice Bejo, que da una increíble batalla de actuaciones con Dujardin. En mi opinión, incluso hace un mejor trabajo que él), una bailarina que aspira a ser actriz, pero que tiene empezar desde lo más bajo. Es justo entonces cuando empiezan las películas sonoras, idea revolucionaria que llegó para quedarse, dentro de las cuales Valentin simplemente no se halla y no puede hacer una transición exitosa, mientras que Miller se convierte en el nuevo ídolo de la industria, cambiando así de papeles…
         Si ponemos de lado el hecho de que la película es en sí muda y en blanco y negro, y nos enfocamos únicamente en la historia, encontramos a dos personas que lo único que quieren es cumplir sus sueños, y que harán lo que sea para conseguirlo y para aferrarse a ellos. No puedo decirlo por seguro, pero siento que es un retrato muy fiel de lo que Hollywood fue en esos años, y de lo que todavía sigue siendo en muchos aspectos, donde el joven siempre reemplazará al viejo, y el que no se adapta, muere.

Pero tenemos que darle importancia a lo más relevante de la historia: ¡Los personajes no hablan! Bueno, sí hablan, pero no emiten sonidos. Todo el sentimiento de la película se expresa a través de música, gestos, y movimientos de los actores en los que la intención está implícita, con la incursión de unos cuantos carteles de texto (de esos que salen después de que alguien murmura algo, mostrando el diálogo). ¿Funciona eso? ¿No hacen la historia más confusa y difícil de seguir? ¿No la hacen más aburrida? Por supuesto que no. De hecho, para mí, esto hizo la película mucho más entretenida y cautivante. Después de unos cuantos minutos, la mudez de la película es algo a lo que te acostumbras y te hace darte cuenta que no necesitas de gente hablando para que sepas lo que está pasando. Esa parte en especial me sorprendió mucho. Nunca creí que el diálogo fuera algo tan innecesario…

Si se ponen a pensar, Jean Dujardin y Bérénice Bejo (principalmente, pero también el resto del elenco) tuvieron que hacer al doble de trabajo al interpretar no sólo a dos actores de la era del cine mudo, sino haciéndolo sin palabras ellos también. Aquí, el lenguaje corporal lo es todo para transmitir. Y, debo decir, que los dos salen más que bien librados. Dujardin logra darle a George Valentin una gama de emociones que van desde el orgullo, la picardía y el encanto, hasta la desesperación, el miedo y la frustración (éstas sobre todo en la segunda parte), haciendo un personaje que se conecta al cien por ciento con el público, haciendo que a éste le importe y se preocupe por lo que le pasa. Bérénice Bejo, como dije, logra, en mi opinión, un trabajo casi superior al de Dujardin al interpretar de manera espléndida a Peppy Miller, la aspirante a actriz que llega a convertirse en alguien mayor que a quien admira. Sus expresión facial y las emociones que transmite, sus movimientos corporales, todo…Creo que ella fue mi personaje favorito. Además no está nada fea. ¡Ah! Y, bueno, qué bien bailan los dos. A la antigua. Bravo por ese número musical al final. (Mención aparte a Uggie, el perro, quién se robó mi corazón desde mucho antes que viera la película, cuando subió al escenario en los Globos de Oro…)

Pero, seamos honestos, el atractivo de la película y lo que la hace tan interesante, tan relevante, y en un futuro (creo yo) tan trascendente, es que (como lo he repetido infinidad de veces) es muda y en blanco y negro. Pero, les juro, no es nada para tenerle miedo o repele. Al contrario, es lo que le da el encanto que tiene. Los carteles de diálogo, las expresiones corporales de los actores mientras discuten o bailan, la maravillosa recreación del Hollywood de los veintes (peinados, vestuarios, escenografías…), todo siempre al ritmo de la partitura de Ludovic Bource, y que es, sin duda, lo mejor de la película, sobre cualquier otra cosa. Ese soundtrack lo tengo que tener ahora mismo. Detrás de las cámaras, “El Artista” es todo un deleite hecho a la antigua. Gracias Michel Hazanavicius por hacer el segundo homenaje al cine de este año (detrás de Hugo, todavía superior para mí casi por nada), y más, por hacerlo de esta forma.

Si eres cinéfilo de corazón, como yo, no te puedes perder “El Artista” por nada del mundo. Es un gran homenaje al séptimo arte que nos enseña cómo llegó a donde está ahora, haciéndolo como lo hacían antes. Eso sonó a paradoja. Espero lo entiendan. Si eres un espectador cualquiera, vela de todas formas. Vale mucho la pena. Es algo desconcertante al principio, pero les juro que se acostumbran casi al instante, y el encanto que desborda esta película los va a cautivar y a ganar por completo. Si por alguna razón no les gusta, por lo menos no se van a olvidar de la experiencia. Personalmente, no es mi película favorita del año (aunque está en top 5 definitivo), pero por todo lo que involucra que se haya hecho una película así en 2011, es casi seguro que se lleva el Óscar mayor. Director y Actor también, mientras que los técnicos se los va a pelear con “Hugo”. Divertida, original, hermosamente hecha, con actuaciones soberbias, una partitura espectacular, y un sabor de boca nostálgico y muy, muy satisfactorio, “El Artista” es, sin duda, una película que se tiene que ver. No hay más. Para bien o para mal, te va a dejar sin palabras. Como ellos durante toda la película…

Historia/guión: 27/30
Actuación: 29/30
Detrás de cámaras: 20/20
Entretenimiento: 19/20

Por ser une película que desborda encanto, por Jean Dujardin y Bérénice Bejo, por la música, por ser otro gran homenaje al cine, y aceptémoslo, por ser una película muda y en blanco y negro en pleno 2012, le doy a “El Artista” un:
95%

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